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Sergio Hernández: «los DT no recibimos medalla»

Sergio Hernández: «los DT no recibimos medalla»
“Oveja” no eludió ningún tema; la clasificación del seleccionado a Río 2016, su relación con las figuras, su aporte a la historia del básquet…

La carrera de Sergio Hernández puede repasarse desde sus numerosos títulos en Liga Nacional, desde su realidad como coach del seleccionado argentino o, mejor aún, puede mirarse intentando exprimir experiencias y conceptos de alguien con una gravitación que trasciende las fronteras de su deporte. Tras la clasificación directa a Río de Janeiro 2016, los próximos Juegos Olímpicos son apenas un disparador para conversar con “Oveja”, uno de los entrenadores de basquetbol más exitosos de nuestra historia.

– Pasados ya unos meses del Preolímpico de México, ¿qué te dejó el torneo, más allá de la obvia satisfacción de volver a estar en Juegos Olímpicos?

– Para nosotros la clasificación directa siempre es complicada y, en la mirada previa, esta vez lo era más aún. El antecedente de Londres, en 2011, con el Preolímpico en Mar del Plata y con nuestro equipo con todas las figuras, decía que tuvimos que soplar la última pelota de Barea para que no nos ganara Puerto Rico la semifinal. Antes, en 2007 en Las Vegas, también había sido durísimo. Jugar un torneo así en el medio de un profundo proceso de renovación implica un desafío tremendo. Y por suerte tuvimos dos jugadores como Scola y Nocioni para apoyarnos en ellos, que parecen soportar todo. Fueron nuestros líderes espirituales y aportaron certezas en un contexto de varias incógnitas. Me quedo con la confirmación de las condiciones y el carácter de muchos jugadores nuevos para ese nivel de exigencia.

– Alguna vez me dijiste que los Juegos Olímpicos eran como ir al Disney del deporte…

– Pasa el tiempo e, independientemente de cómo lo enuncie, profundizo la idea: es la mayor experiencia de vida que se puede tener, y no hablo sólo de un deportista. Ojalá todas las personas pudieran vivir dentro de una villa olímpica, ni siquiera hablo de ser atleta y competir, apenas de disfrazarnos y pasar unos días en ese lugar, ir a todos los eventos, cruzarse con los cracks, es maravilloso. Desde lo personal (será su tercera vez después de Beijing y Londres) espero seguir haciendo el postgrado de deporte y vida que significa estar allí.

– Recién los nombraste a Scola y Nocioni. Los conoces hace años, los tuviste, los volvés a tener. ¿Queda lugar para seguir sorprendiéndose con lo que hacen o desde hace un tiempo sólo te generan admiración?

– No sé qué contestar. Ellos llegan a la concentración y se entrenan, parecen jugadores como muchos otros. Te muestran sus virtudes, disimulan sus limitaciones, tienen días buenos y malos, sonríen, se enojan. No parecen especiales. Entonces, en los dos días previos a la competencia, hacen click y otra vez me sorprenden. Es como si tuvieran un doble. Y ese doble ya no falla un tiro, ya no se cansa, contagia energía. Parece un cuento para chicos, se ponen la capa para activar la motivación y la superación personal, y contagian a todos. No les importa nada.

– ¿Puede tornarse hasta peligroso para un resto de equipo con poca experiencia? Es tan fuerte la imagen que quizá piensen que no deben hacer la parte propia…

– Siempre en un grupo hay jugadores que frente a ese estímulo se intimidan y otros que se suben al carro y parecen decir “con este al lado me animo a cualquier cosa” y logran esa cualquier cosa. ¿Se entiende? Argentina tiene esos tres o cuatro que detrás de los locos, siguen la estela. Campazzo, Laprovittola, Garino, un chico que está en EE.UU., a quien citamos entre los 20, quedó, fue titular, y la rompió toda. El deportista argentino tiene ese carácter rebelde, competitivo. Es difícil encontrar alguno muy sumiso.

– Imagino que alguna vez al pensar hacia atrás tantos logros de ese grupo de jugadores, habrás pensado “esta parte chiquita es de los entrenadores”. ¿Me equivoco?

– Me gustan las entrevistas porque me ponen a pensar sobre ciertas cosas y me entero de esa forma, qué es lo que pienso de esas cosas. Creo que la mirada tiene que ser bien amplia ya que el colectivo de los entrenadores argentinos es excelente. Aclarado eso, diría que el primero con incidencia directa fue Najnudel. León no tuvo a estos chicos, no como grupo, pero cambió el ámbito en el que se desarrollaron. Es la piedra fundacional. Después el listado tiene a Vecchio, Lamas, Magnano y yo. Y, claro, los equipos de trabajo de cada uno.

– Te pido un detalle que haya aportado cada uno de los cuatro…

– Vecchio fue un loco estudioso y apasionado que contagió el deseo de ganar y ser podio, de dejar de sacarnos fotos con los cracks. Magnano con su rigidez les dio orden para moldear el espíritu indomable que tenían. Sus métodos fueron muy positivos para trabajar esa rebeldía y crearles hábitos de primer nivel competitivo para profesionalizar disciplina, entrenamiento, alimentación. Lamas fue clave antes y durante. En 1998, en Grecia, dio lugar a la renovación llevando a Ginóbili, Sánchez y Oberto. Y en mi caso, en mi primer ciclo, diría que acompañé a un grupo con una identidad inquebrantable. De este segundo ciclo aún no puedo sacar conclusiones. Dicho todo esto, quiero dejar algo bien claro: los verdaderos protagonistas son los jugadores. En los JJ.OO. los DT no recibimos medallas…

-¿Cómo te llevás con la dualidad de ser coach de selección y de Peñarol al mismo tiempo?

– El próximo ciclo olímpico será muy diferente porque FIBA cambiará su formato de competencia de selecciones. Se va a jugar parecido al fútbol, con varias fechas cortas durante el año. Ahora, por ejemplo, nosotros no tenemos nada hasta que termine la Liga, en junio de 2016. Por eso es necesario estar activo. Mirá si a vos te dijeran que no podés escribir nada por ocho meses y en junio te piden una nota con Guardiola. Y además quieren que sea la mejor del año, porque esa es la exigencia de la Selección. Hasta que cambie se puede combinar aunque haya situaciones incómodas como llegar del Preolímpico, a los pocos días tener un clásico vs. Quilmes y quedarte sin tiempo de procesar lo que había pasado. Fue como que el agua nunca llegó a calmarse después de la tormenta.

La Liga Nacional

– ¿Te gusta el actual formato de la Liga?

– Me parece que 20 equipos y 56 partidos en serie regular son demasiado, creo que no tenemos la estructura para tanto. Hacés una gira de 6 días, para entrenar dependés de las instalaciones del club rival, jugás tres veces a las 21 y eso significa que te acostás tres de 6 días a las 3 AM, y en los otros quizá viajás. Eso no es vida para un deportista. En la NBA se hace, es cierto, pero no podemos comparar las facilidades de una y otra liga. Hay que reducir equipos, partidos. Tenemos por reglamento dos fichas sub-23 y una sub-19 en la lista de buena fe. Está muy bien, fomenta la formación de jóvenes. Pero no somos una liga formativa, entonces ponerlos es bravo y muchas veces los planteles quedan cortos porque debés jugarte el laburo y no ponés al jovencito. Terminás muchas veces con rotaciones de ocho o nueve jugadores y los quemás. Copiar a los mejores es bueno, aceptar que a veces no se puede copiar todo también. Más allá de no coincidir en algunas cosas, me gusta la intención de cambio como inquietud. Amo la Liga Nacional, está sana, fuerte, tiene buena salud.

– ¿El ingreso de San Lorenzo y Tinelli, cómo lo vivís?

– Me parece genial. Marcelo es un gran empresario del entretenimiento y el deporte es justamente eso. San Lorenzo es un equipo histórico. Estuvo en la primera edición de liga, y fuera del básquetbol es un club muy grande. Celebro la presencia del club y de Marcelo. Sirve para sacudir el escenario, para crecer, para desafiar al resto.

Elogio a Los Pumas

“Los Pumas me llegan siempre desde el concepto de un verdadero éxito: me encanta ganar, me ha tocado ganar mucho, pero el éxito no pasa por ahí. Desde mis 20 títulos sostengo que el éxito está en otro lado. Querés saber cuál es la diferencia entre éxito y ganar? Mirá a Los Pumas. No hay manera de terminar de ver sus partidos y sentirte mal, o vacío, o corto de sentimiento. Siempre te queda la sensación de que ganamos todos, uno viéndolos y ellos jugando. Los Pumas tocan su techo cada vez que juegan. Si conseguís eso, sos exitoso. A eso hay que aspirar. Cuando lo lográs el resto es un detalle.” (Textual de Sergio Hernández, acerca del seleccionado nacional de rugby)

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